Prueba de fuego superada
Hacer una parrillada para 15 o 20 amigos es un placer, pero no deja de tener sus posibles complicaciones: el vecino que se queja por el humo, la carne que queda demasiado cruda o demasiado cocida, el invitado que se pone impertinente, la lluvia inesperada… ¿Y qué tal si la hacemos para 10.000 personas? ¿Y qué si ya no es en la intimidad del hogar, sino en un espacio público, con gente de todas las edades, música en vivo, DJ, tarimas, promotores, cocineros, sistemas de luz y sonido y todo el etcétera? ¡Ah! Allí es cuando el fantasma de Murphy se frota las manos y se pasea sonriente por la fiesta, listo para abalanzarse sobre cualquiera de las mil variables que pueden hacer la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Estamos hablando del último desafío asumido por nuestra unidad de negocios Goodman Eventos, responsable de organizar la celebración del “Día del Parrillero” para la que, sin duda, es la marca de embutidos mejor valorada por los venezolanos. Sí, La Montserratina nos confió la reedición de un evento que ya había roto esquemas por su manera original de propiciar un encuentro directo, festivo y realmente memorable entre la marca y su público, pero que dejó de realizarse ante las limitaciones de la pandemia y las vicisitudes del país.
La idea, pues, era volver… ¡y volver con todo!
Lo primero que nos tocó entender fue que ni La Montserratina ni el país ni el mundo eran los mismos que cuando el Día del Parrillero, por ejemplo, se realizó con todo éxito allá por 2016 en la Plaza Alfredo Sadel, de Las Mercedes.
La marca, sobreponiéndose a todas las dificultades de los últimos años, no solo sobrevivió apalancada en la lealtad que ha cultivado gracias a su calidad, sino que supo crecer diversificando su portafolio de productos y entendiendo muy bien su propósito y significado como protagonista de momentos de unión y alegría entre amigos y familias. Un esfuerzo que resonó y tuvo receptividad en un país también muy resiliente, pero muy castigado, con hambre acumulada de celebración y reunificación.
En Goodman, como agencia encargada del marketing digital de La Montserratina desde hace casi 5 años, entendemos bien este fenómeno que nos permitió intuir la posibilidad de una positiva respuesta al regreso del Día del Parrillero, no solo del público, sino también de otras marcas de alimentos y bebidas que tradicionalmente son invitadas a participar como aliadas o copatrocinantes.
Sí… intuir, pero no saber a ciencia cierta hasta qué punto llegaría el éxito de la convocatoria.
Por otra parte, como también sabemos, estos últimos han sido “años de perro” –multiplicables por 7 o más- en cuanto a la importancia e impacto de las redes sociales. En pocas palabras: siendo un evento presencial, el nuevo Día del Parrillero tendría que ser en varios sentidos una fiesta signada por lo digital tanto en su convocatoria como en su realización y, por supuesto, en todo lo que significara su resonancia después de apagada la última brasa en las parrilleras.
Con estas premisas y sin tiempo que perder –pues fueron menos de dos meses de trabajo- el equipo de Goodman Eventos se dio a la tarea de encontrar la locación más conveniente y convocar y coordinar la participación de empresas, chef parrilleros, grupos musicales, animadores influencers, además de todos los proveedores asociados al despliegue de tarimas, toldos y stands con los servicios e insumos necesarios para las actividades a realizar, amén de gestionar la permisología, tomar las previsiones de seguridad y diseñar los planes de patrocinio.
En paralelo, el resto de los departamentos de la agencia asumió el diseño y ejecución de una intensa estrategia publicitaria para medios digitales. La misma se basó en reavivar el buen sabor dejado por las anteriores ediciones y asegurar que la mayor cantidad de personas pusiera en su agenda la gran cita parrillera: 29 de julio en el Centro Comercial Parque Cerro Verde.
Llegó el día, todo estuvo listo y solo quedaba esperar la respuesta del público. Las puertas abrieron sobre el mediodía y poco después ya tuvimos claro que el resultado superaría nuestras mejores expectativas. Durante las nueve horas del evento, cerca de 10.000 personas se pasearon por el lugar, colmaron los puestos de comida parrillera, participaron con entusiasmo en las dinámicas y rifas, aplaudieron a los grupos musicales y, finalmente, una gran parte permaneció allí, hasta el último minuto, para dar al evento un final apoteósico que dejó a todos con ganas de repetir.
Errores y aspectos mejorables también hubo, por supuesto, sobre todo asociados a un número de asistentes que generó incomodidades y tiempos de espera a veces excesivos. Pero se cumplieron plenamente los objetivos, incluyendo el más importante: ofrecer a nuestro cliente una exposición de marca realmente extraordinaria y plenamente imbricada con su oferta de valor.
Sí, al apagarse las brasas pudimos decir con satisfacción: “¡Pasamos la prueba de fuego!”.